Coahuayana, Mich., a 30 de abril de 2026.— En Coahuayana, municipio de la costa michoacana, el poder formal tiene nombre y cargo: el alcalde Andrés Rafael Aguilar Mendoza. Pero en los hechos, diversas voces locales sostienen que las decisiones clave no siempre pasan por su oficina.
En paralelo a la estructura institucional, persiste la influencia de liderazgos surgidos de las autodefensas, particularmente la figura de Héctor Zepeda, “El Teto”, cuyo papel en la vida pública del municipio sigue siendo determinante, aunque no figure en ningún organigrama oficial.
De acuerdo con testimonios recabados en la región, el gobierno municipal enfrenta límites para ejecutar decisiones estratégicas sin considerar a actores de poder no institucionales. El caso más citado es la falta de avance en proyectos de inversión con respaldo ciudadano.
Uno de ellos es la posible instalación de una tienda de autoservicio de cadena nacional, iniciativa que, pese a contar con miles de firmas de apoyo, no ha sido presentada formalmente ante Cabildo. La ausencia de discusión pública ha generado cuestionamientos sobre la autonomía del gobierno local.
Fuentes consultadas bajo condición de anonimato aseguran que el alcalde Aguilar Mendoza gobierna en un entorno de presión constante, donde ciertos temas simplemente no avanzan.
Hasta ahora, no existe un posicionamiento público detallado del edil que aclare las razones del estancamiento de estos proyectos.
El peso de las autodefensas
La figura de “El Teto” se remonta a 2013, cuando surgieron grupos de autodefensa en la región. Con el paso del tiempo, su influencia ha trascendido el ámbito de la seguridad comunitaria.
En Coahuayana, versiones coincidentes lo ubican como un actor con capacidad de incidir en decisiones de seguridad pública, dinámicas económicas locales y equilibrios políticos municipales.
Aunque no existe confirmación oficial de estas atribuciones, su nombre aparece de manera recurrente en testimonios locales como un factor de peso en la toma de decisiones.
La situación no es exclusiva de Coahuayana. En el vecino municipio de Aquila, Germán Ramírez Sánchez, “El Toro”, ha seguido una trayectoria similar: de autodefensa a figura con control territorial e influencia en la vida comunitaria.
Ambos casos reflejan un patrón regional en el que liderazgos armados surgidos de contextos de violencia se consolidan como actores permanentes en la estructura de poder local.
Seguridad paralela y vacíos institucionales
Uno de los aspectos más sensibles es la coexistencia de estructuras de seguridad. En Coahuayana, la policía municipal opera junto a fuerzas comunitarias que, según diversas versiones, no responden plenamente al Ayuntamiento.
Este esquema genera un escenario complejo para el alcalde, quien formalmente encabeza la administración, pero enfrenta una realidad donde el control efectivo del territorio es compartido o disputado.
La región se mantiene como un punto estratégico por su ubicación en la costa del Pacífico, lo que la convierte en zona de interés para distintos grupos criminales.
El atentado con explosivos registrado en diciembre de 2025 —que dejó víctimas mortales— evidenció el nivel de confrontación en la zona y la fragilidad del control institucional.
En este contexto, la permanencia de liderazgos armados encuentra explicación en la necesidad de control territorial, pero también en la debilidad de las instituciones para ejercerlo plenamente.
El caso de Coahuayana expone una tensión de fondo: la coexistencia entre un gobierno electo y estructuras de poder que operan fuera del marco institucional.Para el alcalde Andrés Rafael Aguilar Mendoza, el reto no es menor. Su administración se desarrolla en un entorno donde la gobernabilidad depende no solo de decisiones administrativas, sino de equilibrios informales que condicionan qué se puede hacer… y qué no.
Mientras tanto, en la vida cotidiana del municipio, persiste una percepción compartida por habitantes consultados: hay decisiones que no se toman en Cabildo, sino en espacios donde el poder no necesita cargo para ejercerse.